DESDE MI VENTANA
Desde mi ventana puedo ver la parte trasera de una larga fila de edificios. Por la noche veo muchas ventanas iluminadas solo por esa luz blanquecina de las pantallas . Como yo en este momento, al otro lado de esas ventanas esas personas no tienen mejor que hacer que mirar la pantalla de un ordenador. Me pongo triste de repente. Nos engañaron con este futuro, que se suponía que iba a ser como en “Star Trek” pero que se parece más a “Un mundo feliz” o “1984”. Agilipollados con nuestros teléfonos de ultima generación, cada vez mas incapaces de relacionarnos de una manera natural. Cada vez más ansiosos, insomnes y solos.
Tu lo sabes y yo lo sé: A pesar de la última aplicación, el puto google maps, la wikipedia o el traductor simultaneo, nuestras vidas siguen siendo una puta mierda, y lo sabes. Y seguimos embobados mirando pantallitas igual que en los últimos ¿50? ¿60? años. A pesar de todos esos fuegos de artificio, de esos trucos de magia, si lo miras desde fuera seguimos mirando pantallas.
Es interesante como tengo la casa llena de fantasmas: CDs que casi nunca escucho y DVDs que puede que nunca vuelva a ver, que se acumulan en las estanterías recogiendo polvo. Libros ya leídos ocupando espacio que no tengo. Objetos que pronto, si no ya, serán vistos por la mayoría como algo obsoleto, entre los nuevos propietarios de smartphones, libros electrónicos y demás. Aun así, sigo aferrándome a estos objetos sin ningún valor, y supongo que no soy el único, por lo que sé algunos de mis amigos y conocidos siguen agarrándose al pasado, comprando, coleccionando vinilos, singles, cómics,etc... aferrándonos todos nosotros a esos fantasmas del Siglo XX. Buscando como por inercia, buscando cada vez una dosis más grande que nos proporcione, sin éxito, ese subidón de las primeras veces; nos aferramos a esas rutinas que ya han perdido gran parte de su magia, a los restos de un mundo que nos deja de lado, a una cultura que desaparece ante las avalancha capitalista, de lo nuevo, de lo recién hecho. Un mundo que se evapora ante nuestros ojos.
(Publicado originalmente en el CORRIENTE #3)




