HOVE LIBRARY
HOVE, UK ( 2014)
Invierno en Hove. Sin curro. Llueve, hace frio y no soy capaz de calmar mi ansiedad en ningún sitio. No sé cómo voy a poder pagar el alquiler en unos pocos meses del estudio/zulo en el que vivo y no me puedo permitir a día de hoy. Ni siquiera me puedo quedar en casa sin subirme por las paredes y tener la sensación de que se me va el dinero : Este invierno esta siendo demoledor y la calefacción, eléctrica, en mi diminuta jaula de oro funciona con tarjetas que debo comprar en la propia inmobiliaria y que como te descuides con los calefactores, te vuelan. Así que poco puedo hacer en casa aparte de meterme en la cama bajo el edredón, ver la tele matinal y dejar que la ansiedad me coma o salir a la calle, a pesar del frio y la lluvia, buscando algo que hacer.
Pocos sitios donde ir en los que no haya que gastar dinero La biblioteca uno de ellos. La de Hove es mi favorita desde que la descubrí. Oasis de termostato al que acuden atraídos por el calor del Internet y la calefacción gratis, todo tipo de personajes extraños, aliens como yo: Parados de mediana edad con cara de cabreo y ojos encendidos leyendo el periódico de cabo a rabo; abuelitas solitarias que te dan ganas de darles un abrazo y llevártelas a casa para invitarlas a te y galletas. … Gente rara en general, en el filo: bolsas de plástico por todas partes, chanclas en invierno o batín en verano. Ese tipo de gente. Olor a ropa húmeda y cerrado, jersey sucios, pelos grasientos y ojos con miradas perdidas, de locura a cuestas. Me siento totalmente reflejado en ellos estos días de invierno. Barcos a la deriva. Gente sin tener otra cosa mejor que hacer en ese momento que ponerse a cubierto en esta biblioteca esperando que escampe el temporal, real y figurado. La biblioteca nos acoge y nos abraza a todos sin excepción, sin costes ni preguntas.
El edificio es muy acogedor, de estilo victoriano, construido en 1908 y que mantiene mucha de su estructura original y ese aire de belleza decadente, de haber pasado tiempos mejores, que se encuentra mucho por esta ciudad y que en el fondo tanto me gusta. Paso la planta baja donde está el runrún de la cafetería y la sala infantil, subo las escaleras enmoquetadas hasta la segunda planta, donde es fácil encontrar un sitio tranquilo. Empiezo a leer sin prisas a refugio entre libros y estanterías antiguas, me voy relajando y dejo que la mañana pase.
BASKET
Puede que no haya sido tan feliz en mi vida que cuando de chaval, jugaba al basket y seguía las ligas de aquí y de allá. Seis o siete años en la que la única ocupación era flipar con la NBA, el Barsa y demás y ser un verdadero paquete jugando. Pero eso era lo de menos. Lo importante era fliparse, esa abstracción imaginaria, transmutación de cuerpos, primeros saltos al más allá.
Supongo que con el tiempo, tocar la batería con mis grupetes ha pasado a cumplir la misma función. Como con el basket, soy consciente de que no soy muy bueno y hace mucho tiempo que sé que nunca llegaremos a nada, pero sigo persiguiendo la misma sensación de mi infancia y adolescencia que el deporte me proporcionaba: de flipe, de conexión, de alegría pura, de salirse uno de su propia realidad y cuerpo.
La felicidad de las cosas sencillas, tópicos que se cumplen, la sensación de libertad de un paseo un bici, un baño en la playa , un ensayo que sale todo bien. Escapando y unido a lo que me rodea y los que me rodean por un momento.





Qué bueno el texto Basket...muy de acuerdo con todo . Me encanta.